REALIDADES DIFERENTES, ACCIONES RESPONSABLES DIFERENTES

En septiembre pasado el diario español “El País”, en su columna económica titulada “La ciudadanía reclama un nuevo contrato social a las empresas: el beneficio no lo es todo”, hace referencia al manifiesto de 180 empresas estadounidenses de la “Business Roundtable (BRT)” en el que redefinen el propósito de una empresa como algo más allá que solamente generar utilidades a los accionistas.  Ya incluyen como parte de este propósito la protección del medio ambiente, el fomento de la diversidad, la inclusión, la dignidad y el respeto.

En el artículo se citan a varios detractores y defensores de la Responsabilidad Social Empresarial; los que la consideran un tema que no aplica en las empresas, y los que la consideran parte de un capitalismo que le crea valor a la sociedad.  Sin embargo, de todo lo que ahí se indica, lo que más me llamó la atención y sobre lo que quiero profundizar aquí es cómo ambos “bandos” defienden sus posturas, y tratan la RSE como si se pudiera vivir de igual forma en los países desarrollados que en los que están en “vías de desarrollo”.  

Lo malo de basarse en la generalización, sobre todo para realidades complejas, es que las características y premisas básicas existentes tan importantes para un análisis, pasan a segundo plano. Por ejemplo, he escuchado y leído a varios economistas aseverar repetidamente que “las empresas no pueden y no deben sustituir las funciones del Estado”.

Pero ¿qué pasa cuando el Estado está ausente en temas sociales de impacto como en mi país, Guatemala? Pues podemos usar la frase del párrafo anterior y solamente reclamar, enojándonos de seguro al mismo tiempo. O también ser visionarios y tener beneficios casi inmediatos, tomando el lugar que le correspondería al Estado para ciertos temas que ayuden a la empresa y al mismo tiempo al país, y a la vez colaborar paralelamente en incidir en políticas públicas que hagan que el estado se manifieste. 

Y es que a veces el hecho de generalizar sobre todo en los comportamientos de los países, algunos con economías más pequeñas que las de ciertas multinacionales, hace que la empatía se pierda en el mapa mundial.  Esto provoca que modelos de negocio responsables, por estar anclados a una teoría escrita desde una sola realidad, pierdan la oportunidad de implementarse y validarse.  

En lo particular he comprobado que no es una carga para mí o para mi empresa tomar el rol del Estado para ciertos temas que nos generan beneficios.  Como he escrito anteriormente, con esto ganamos mucho más (lealtad, calidad, eficiencia, crecimiento, certeza, desarrollo, etc.) de lo que me “cuesta” ese rol.  De aquí es donde se comprende por qué el término adecuado para estas iniciativas es “inversión social” y no gasto, caridad o filantropía.

Y cada vez veo más empresarios que piensan y actúan como yo. Lo malo es que el mensaje aún no es lo suficientemente claro ni fuerte, y por eso que nos debemos dar a la tarea de volvernos ejemplo e interlocutores de las prácticas empresariales responsables.  Esto hará que más Directores Generales, Gerentes, Propietarios de negocios, etc., tengan las agallas de proponer estas iniciativas a sus Juntas Directivas, incluirlas en el plan de negocios y en el presupuesto, y medirlas como cualquier otra.

El cambio obviamente no es fácil, pero las empresas que tienen el apoyo de su alta dirección ejecutan programas de acuerdo a sus situaciones particulares, con la confianza de que esto a su vez los beneficiará en su última línea, tal vez no ahora, pero sí en el corto plazo.

Sin embargo, debido que ese beneficio en la última línea no se puede medir rápidamente y a que la RSE es tan disruptiva como diferente, a los Financieros (CFOs) de las empresas les es difícil entender que este “gasto” momentáneo puede ser un diferenciador a la hora de ser seleccionados por los clientes.  Además, que es un factor importante a la hora de tener clientes más jóvenes, y es determinante para el futuro sostenible de la empresa. 

Así después de leer el artículo de “El País”, he llegado a considerar que para muchos “pensadores” es más fácil encerrarse en libros de países desarrollados que justifiquen mundialmente que el gobierno a lo suyo, y las empresas a lo suyo también. Pero después de vivir en carne propia que esto no aplica para todos, veo que los más perjudicados somos esos países cuyo estado está ausente, ya que nos creemos las “reglas” foráneas que hacen que nuestras empresas no den el salto de fe que las beneficiaría junto con su gente y su país.

Pero como aquí no trato de convencer a nadie porque esto no es política partidista, debo rescatar los espacios que tanto ese periódico como otros medios ya le están dando a la RSE.  Así que espero que estas discusiones se sigan dando para que de ellas, las nuevas generaciones puedan inferir el camino que se debe seguir.

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