La Estrategia del Negocio Sostenible. Parte 2: El propósito para llevar la sostenibilidad a otra escala

Al profundizar en la estrategia del negocio sostenible, entendemos sus retos, pero también vamos comprendiendo la amplitud del concepto. Generar impactos positivos de forma permanente al mundo y sus habitantes es parte de la visión y de esta estrategia de negocio, pero también es una frase que suena muy romántica y lejana.  Sin embargo, las pruebas nos indican que si no transformamos la sostenibilidad en una cultura de vida, activa y consciente, estaremos dando la señal equivocada a las actuales y nuevas generaciones.

Todas las señales que se dan, buenas o malas, comienzan con un objetivo en mente; un propósito.  En los negocios ese propósito es ser rentable, porque sin rentabilidad es prácticamente imposible la sostenibilidad, y por lo tanto la subsistencia de una empresa.  Ahora bien, cuando esta rentabilidad se logra de forma correcta, integralmente hablando, entonces el propósito se vuelve más amplio y con vistas a un futuro de bienestar inclusivo.

El fin no justifica los medios, por lo que la rentabilidad lograda de una forma íntegra implica una estrategia con conciencia social extendida, que protegió y mejoró el medio ambiente (o por lo menos no lo dañó), y que sabiendo que todo esto permea, no se desvió por el camino fácil de la comodidad “corrupta”.

En el artículo anterior comentaba sobre las premisas que aún hay que validar, y sobre los escenarios por comprobar para que la sostenibilidad impacte a gran escala.  Sin embargo, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando alguna señal para gestionar un cambio sostenible, y es aquí en donde el propósito; tácito o implícito, es el que convierte a la estrategia en una cultura de vida empresarial.

Ese propósito, con una base sostenible, no de filantropía o caridad, es el que hace que las empresas sean inclusivas, colaborativas y que tengan una visión de un futuro integrado.  Esto automáticamente llega a los grupos de interés, y genera verdaderas cadenas de valor; haciendo que la rentabilidad se expanda a otros ámbitos y de una forma consistente.

Es así como una empresa empieza a hacer la diferencia en la industria, con el ejemplo. Aun sabiendo que hay pendientes por validar, el hecho de tener un propósito que no negocie los valores, hace que las empresas generen impactos positivos, llevando de esta forma la  sostenibilidad a escalas importantes. Primero la empresa, luego la industria, y así el país.

El proceso no es fácil ni rápido, sobre todo porque una propuesta nueva, más aun la que implica cambios de fondo, está llena de retos, detractores y dudas.  Así que para que el negocio sostenible llegue a otra escala, es  imprescindible comprender que es estratégico, y no circunstancial. Y esto se logra a través de un propósito que demuestre congruencia, y que genere cultura de sostenibilidad.

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